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martes, 30 de abril de 2024

LA PLAZA


 

La plaza respira por los cuatro costados,

 ocho calles ciñen su cintura;

hay banderas geranios y guijarros.

 

El sol descorre la cortina de bruma,

ilumina casas pintadas de añil, bermejas

creando una ilusión de arco-iris de espuma.


El coche del concejo

rasca y frota fuerte la cochambre de la víspera,

oigo este fragor

y a chavales tras el balón,

cientos de voces infantiles bajo mi balcón.

 

En las escaleras de la escuela repiten una soflama

con ardor; nadie la escucha

y el lobo de Francisco de Asís acecha la calle estrecha.

 

Una mujer entró por calle Nueva

compró café, tela y salió por calle Campana;

esta es mi geografía particular que crea casta.

 

Al atardecer el aire mece las hojas del ciruelo rojo

prometiendo una vida larga 

 a los viejos que a su sombra sueñan.

 

Se oyen doce tañidos de una campana;

 en silencio el día ya alcanzó su final.

Queda el león de la fuente contemplando la luna,

 como testigo en la noche.


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