Tus palabras eran tan ocurrentes...
fuiste atrevido, cordial y risueño;
no supe si perseguías un sueño
fuiste querido por todas las gentes.
Hijo, tus destrezas fueron patentes,
amabas los animales, el fuego;
todo en tus manos, un ligero juego,
mas te perdí en mortales accidentes.
Yo, madre, lloré cal viva y arena;
de verdad que no supe qué hacía,
más muerta que viva de tanta pena
decidí rezar aunque no sabía:
a mi lado vi tu cara morena
prometiendo quererme más cada día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario