¡Oh! rosas de diciembre
sé vuestro nombre de llovizna y niebla
desnudas, sin espinas, sin abrigo
solitarias al viento.
Nos sorprendéis
cuando se recrudece el aire
pero los sueños crecen
con las cercanas margaritas, prímulas.
En derredor troncos de liquen,
un magnolio de frutos rojos,
rosas de invierno, flores de la nieve
de levantado talle, estremecidas.
Cuando un año declina
aún dais botones florecidos
que, amanecido, la Madre cortó
y recogió en la tilma de Juan Diego.

No hay comentarios:
Publicar un comentario