No quiero mirarte, sino Tú mírame
con tu mirada misericordiosa
ni quiero hablarte, sino silenciosa
ser toda adoración mientras derrames
tu gracia y perdón sobre mí, infame.
No rezaré una plegaria verbosa
de palabras desconocidas, prosa,
mas quisiera besar tu llaga, y séame
óleo oloroso en la oculta herida
y en la carne vieja, aliento de vida.
Acude a mis densas perplejidades,
disipa sospechas; libra tu mano
herreteada, ¡oh! majestuoso Hermano
y socórreme en todas tempestades.
