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lunes, 24 de marzo de 2025

A CRISTO CRUCIFICADO*



 No quiero mirarte, sino Tú mírame

con tu mirada misericordiosa

ni quiero hablarte, sino silenciosa

ser toda adoración mientras derrames 


tu gracia y perdón sobre mí, infame.  

No rezaré una  plegaria verbosa

de palabras desconocidas, prosa,

mas quisiera besar tu llaga, y séame 


óleo oloroso en la oculta herida

y en la carne vieja, aliento de vida.

Acude a mis densas perplejidades,


disipa sospechas; libra tu mano

herreteada, ¡oh! majestuoso Hermano

y socórreme en todas tempestades.


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