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sábado, 12 de abril de 2025

ESTREMECIDAS LAS RAMAS DE OLIVO*



     I

Estremecidas las ramas de olivo

el secreto de esa noche velaron,

las hojas gris verde plata temblaron

al oír quejidos del Jesús vivo.


Se nubló el firmamento aún no estivo

y cúmulos de estrellas titilaron, 

arriba los brillantes deslumbraron, 

por Su querer pleno y definitivo.


Por detrás de un castaño retirado

surgió un querube, místico consuelo

del Padre sempiterno al Hijo amado.


Tras el silencio el prendimiento en vuelo;

gritos rasgados, a Jesús atado

lloró el torrente de Cedrón en duelo.


   II

En la senda, Jesús cargó el madero,

en las sienes la corona clavada

de espino seco, de burla trenzada,

tres caídas padeció hasta el otero.


Escándalo, necedad, memez, pero

para quienes con fe fundamentada

se revisten de Él dejando su nada

es sabiduría y don verdadero.


Encontró a su madre virgen, María,

el Cirineo puso el hombro al Creador

Y Él imprimió su Faz en ese día. 


Hubo flores, cálices de color,  

ramas, brotes que la brisa mecía   

junto a la majestad del Redentor.  


   III

De la cruz fluía su sangre herida,

transfigurada de vid en el altar,

es latido de nuestro caminar.

¡Qué ofrenda por nosotros ofrecida!


Al Padre le entregó el Reino, la vida;

murió el hombre para resucitar,

abrirnos los cielos a tierra y mar,

liberando al mundo con su venida.


Primavera, ya despuntó la aurora,       

Se escucharon vítores de voz pura,      

al Resucitado un ángel adora.


¡Oh, Cruz! Misterio de vida y dulzura, 

confórtanos en nuestra postrera hora

y llévanos a la gloria futura.


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