No hay nada que me guste más
un domingo de marzo
que ver pasar en la ventana
del coche prestado
que va lanzado hacia San Sebastián
esos árboles, cerezos,
endrinos para patxarán
con flores blancas
como enaguas asomandose
y los arbustos de la mediana
pintando de blanco nuclear
mechas canas en su pelaje




