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jueves, 26 de marzo de 2026

AITONA JOXEMIEL


 


En un escondite, desván oscuro

de un caserío de portal de piedra

se duplicaba el interés dormido

de una docena de monedas de oro,

un desconocido caudal

en la penuria familiar.


El gran Aitona Joxemiel

en un pañuelo pobre ató esas cecas

de antiguos reyes y redondos soles

para futuros descendientes suyos.


Mucho los quiso

y, a cada quién, una le dio,

¡oh, sí!, heredaron las pesadas piezas

eran dieciocho los kilates

de su amor de padre.

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