Clava un recuerdo aterido
aquella solemne casa,
claro carbón vigilante,
farol que enciende la plaza.
Aldaba de león fiero,
deslucido portal grana,
grita secretos antiguos
por recatadas ventanas.
Los ojos de lluvia azul
riegan el hambre aflorada
de perdidas ilusiones
en miradores sin calas.
Se palpa un ciego horizonte
desde la apergaminada
azotea y truena, muda,
al transitar la calzada.





