Eres antiguo como la tierra fértil,
no sé cuándo remotamente la cubriste;
fue en tiempo inmemorial que con calma
extendiste una alfombra en los bosques y
vestiste con tu lana verde
a los árboles que miran al Norte.
Musgo, por tu modestia no sabes que eres crucial
pues tu corazón húmedo y umbrío acoge
a minúsculos animales cuya vida preservas y
tu piel de esponja retiene con amor
agua para las hierbas.
Te asomas por las grietas, al borde de la carretera,
en los aires, en las tejas y piedras.
Eres sigiloso y te divierte sorprender
a los caminantes de mirada distraída.
Cuando en unos días me haya ido de tu lado,
me llevaré tu nombre, Biofita,
y el recuerdo del brillo de tus ojos verdes.

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