Madre,
al alba hube de irme de tu lado,
quedaste mirando desde la loma.
Te cubriste de arrugas,
regresé,
gozaste alegres días de abril.
Una fría tramontana
te perturbó con dura demencia,
cómo luché por ti en noches oscuras,
cómo deshice rutinas, mi vida,
cómo fui en busca de alivio, remedio,
en vano;
un Alzheimer nunca tiene memoria
del regreso de quien se ha echado en falta,
quedé sin redención
porque aparecí tarde,
muy tarde,
en la vereda tuya madre

No hay comentarios:
Publicar un comentario