Anoche el dramaturgo sugirió celebrar la vida que tenemos.
Me fascinó.
Festejaré mi vida, la tuya; hoy y siempre
aún con pesares estoy vivo,
tan obvio que no necesita demostración.
En derredor me apabulla la belleza
de la naturaleza,
que derrocha sus verdes
en medio de una radiación de cielo azul;
ríos de cristal y piedras refrescan las riberas.
¡Viva la vida!
Que no es alberca, sino torrente,
fuente;
la existencia es equilibrio con límites
que no impiden alcanzar las estrellas.

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