Otoño, ebrio de sangre,
descendiendo por las colinas
cubre la tierra siseante
con bermejas hojas palmeadas.
La llovizna persistente
no muere, vientos catárticos
despojan tu alma, cubren
de hielo a todos sentidos.
Contra la espera de muerte
estás de pie por la Belleza
hasta alcanzarte el poniente
que envuelve y furioso besa.

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