Eran sables
de lluvia
silbando en
el aire;
agujas de sutura
se impulsaban
para caer
musitando
palabras feroces
en la plaza.
Una campana suelta
tañía
desconcertada
insólita y blanda
movida
por la
violencia del viento.
Súbitamente
todo calló
y se vieron
piedras
lucientes en la calle,
cristales de
roca gris,
aire invisible,
mojado.
Y mi alma escapó
por el rastrillo
que olvidó
cerrar la tempestad.

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