Titiló la lucecita,
escalando el cielo de abril,
estrella leve y misteriosa
lucero en un oscuro carril.
Grácil, elevó su talle
y con desdén miró la lechosa
flor de algodón de la luna.
A carrera abierta
alcanzó el cenit nocturno,
Caliope de extraño nombre,
zafiro azul del firmamento.
Un mar de noches destelló
bailando altiva y solitaria.
Más cegada de su luz
cayó al núcleo de una galaxia.
Devino en Supernova, Enana roja
y en agujero negro humeante después.

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