En Senegal quedó Madre
sola, casa cal y arena
salté al cayuco, boadbad
vacío entre las ballenas.
Lloramos de hambre, gritamos
con los golpes de mar gruesa;
soñé con una muchacha
fría, labios de sal, muerta.
Agazapado en silencio
diez noches sin luna llena,
al fin, bajo nuestros pies
corrientes de aguas violentas.
Gibraltar, los transatlánticos
indiferentes navegan,
contrabandistas al frente
y arriba, garzas viajeras;
exhausto, lloro sin lágrimas
me tiro de la patera
a firme playa caliente
tirito de miedo y pena.

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